HOMENAJE A MI MADRE O EN LO OPACO

Carlos Henderson

¿Conoce el agua de la proa del sur todaví­a, madre, la ola que te produjo heridas? PAUL CELAN

arton353


Madre

¿Lo escuchas, a tu cuerpo? se preguntaba y continuaba: ten cuidado ¿cuentas con la aquiescencia del hondo cuenco?, y proseguí­a: ¡ vivir tiene su propio objeto, es celebración! ¡ tente al acecho, vigilante! Inmediatamente agregaba: tú no eres inútil dolor, me sirves, me sirves para caer parado luego de desciñedura del hastí­o, y proseguí­a: ¿quién que se dejó escuchar aúllar corporalmente, astrozamente espeluznante esa noche de estí­o ante las puertas de vidrio de Beaubourg y con un cartón por lecho y una almohada de altí­sima púrpura, podría sentirse corega, corderil, trasto o trebejo que se puede tresnar o mostrar a los cuatro vientos desde una cripta cantilena? Triduo para los de la risita que les fluye: yo no me mostraré como gran eccehomo se decí­a, y volví­a al llano para preguntarse: ¿por qué nos despeñamos? más, volviendo a la carga, se decía ¿habrá mañana? una pregunta vení­a después de otra, la noche, ocultando cuchillos, sus dagas, le permití­a conservar testa, rima y razón; y concluí­a tengo proseguir un poema innominable, paronomasias conscupiscentes, se decí­a.

Pari­s 7-11 de noviembre 2005.