HOMENAJE A MI MADRE O EN LO OPACO
¿Conoce el agua de la proa del sur todavía, madre, la ola que te produjo heridas? PAUL CELAN

Madre
¿Lo escuchas, a tu cuerpo? se preguntaba y continuaba: ten cuidado ¿cuentas con la aquiescencia del hondo cuenco?, y proseguía: ¡ vivir tiene su propio objeto, es celebración! ¡ tente al acecho, vigilante! Inmediatamente agregaba: tú no eres inútil dolor, me sirves, me sirves para caer parado luego de desciñedura del hastío, y proseguía: ¿quién que se dejó escuchar aúllar corporalmente, astrozamente espeluznante esa noche de estío ante las puertas de vidrio de Beaubourg y con un cartón por lecho y una almohada de altísima púrpura, podría sentirse corega, corderil, trasto o trebejo que se puede tresnar o mostrar a los cuatro vientos desde una cripta cantilena? Triduo para los de la risita que les fluye: yo no me mostraré como gran eccehomo se decía, y volvía al llano para preguntarse: ¿por qué nos despeñamos? más, volviendo a la carga, se decía ¿habrá mañana? una pregunta venía después de otra, la noche, ocultando cuchillos, sus dagas, le permitía conservar testa, rima y razón; y concluía tengo proseguir un poema innominable, paronomasias conscupiscentes, se decía.
Paris 7-11 de noviembre 2005.